viernes, 12 de junio de 2009

Descrestología

La concepción de la burla desde la perspectiva de la ignorancia

Sobre la concepción del mundo podríamos decir que, como lo afirmó en algún tiempo Tk. Korner, en su simposio sobre la belleza de las ranas, la concepción es siempre la misma. No hay un modo interno que logre diezmar esa parte que concebimos como mundo, lo cual no nos limita a precisar hipótesis que tiendan a echar a menos la teoría. Si bien es cierto que antes que martes fue lunes, no existe en la conciencia ningún punto de encuentro que nos permita identificar con claridad si es o no la concepción del mundo un tema del cual debamos debatir en un hoy tan atestado de temas urgentes como la marca de la leche materna; partiendo de la base que es de ella de donde el mundo se alimenta.

Es fundamental que la reciprocidad de la comunicación permanente entre las diferencias y su identidad, encajen en la sistemática forma de replantear los recursos disponibles, lo cual no es una labor de las ciencias humanas sino de las ciencias del hombre. Es posible que lleguemos a vislumbrar esa posibilidad, pero también puede ser un obstáculo el que nunca encontremos ese punto de encuentro paulatino.

Sabermmas tenía razón al afirmar que nada esta hecho de todo. Ese todo viene a ser entonces la ciencia pura misma, en cuanto a una y en cuanto aúna. No solo esta manera de concebir el fenómeno es de por sí una sustantiva conjugación de entenderes comunicacionales y expresativos, es de por sí, como este mismo autor lo subrayó en sus tratados sobre la relatividad que marcaba las decisiones, un paso hacia adelante en las investigaciones de Niche (entiéndase el autor no el grupo de negros caleños), quien hace años se alejó de las arcas académicas, negando a sus discípulos importantes aportes conceptuales, sin embargo sus tesis y amasamientos de ideas corresponden técnicamente a un mejor nivel en la parte motriz del desarrollo cognitivo y sustancial de la materia.

Teniendo en cuenta estas aclaraciones y el esfuerzo porque cada una de ellas haya sido de su total comprendimiento, vale la pena pensar si la razón misma de la evolución del cosmos no fue en su sentido más crítico, una somera intención de desenmascarar las verdades opuestas de una condensación de sensaciones sin mayores excusas. No valieron los esfuerzos de algunos pensadores que pretendieron darle un giro sustancial al cuento, no a priori, sino fundamentados en sus experiencias vivenciales y vividas. No existe pues una contradicción más contradictoria en este balance a menos que una teoría reafirme la totalidad de la verdad.

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